I
Nunca se nos ocurrió no estar listas a tiempo a pesar de que Papi siempre llegaba tarde todos los viernes. El acuerdo entre mis padres (separados) era que los finesdesemana le pertenecíamos a Papi. El nunca llegó a tiempo en cambio nosotras siempre estuvimos listas a tiempo, esperando. A veces se nos ocurría pensar: y qué si nos alistamos solo media hora después…pero nos aterraba el sólo imaginar que ese podía ser justo el día en que el llegara a la hora que él mismo siempre pautaba. Esa fue mi primera escuela de esperas. Todos los viernes esperábamos dos y hasta tres horas, arregladitas, peinaditas y con hambre. Mami no nos permitía comer nada porque podíamos arruinarnos el atuendo y empezar otra vez desde cero no era una opción, sobre todo porque en cualquier momento después de una hora de esperar se podía aparecer de la nada. A veces mi hermanita menor se enojaba y se quitaba los zapatos armando un berrinche. Yo era más paciente. Asistía a mis clases de espera con algo de resignación, y buscaba en qué entretenerme, contar los segundos, mirar por la ventana, comparar los minutos de esta semana con la pasada, incluso apostar con mi hermanita la hora exacta en la que Papi llegaría, planear qué haríamos ese fin de semana en la playa, preguntarnos por los cangrejos…eso sí, Papi nunca faltó, tarde pero seguro llegaba. Pasamos muchos años así, muchos. La rutina de los viernes empezó cuando tenía seis años y hasta que inicié la universidad se mantuvo inalterable. Ahora las cosas han cambiado un poco en nuestra vida familiar y las reuniones familiares han sufrido sus cambios también. En mis pocos años, me ha tocado esperar a otras personas en circunstancias triviales y no tanto y en ambas espero con la misma paciencia que aprendí de niña gracias a mi padre. Esperé llamadas que nunca llegaron, y paciencias que nadie ejercitó nunca conmigo, y muchas otras cosas que se han quedado en el camino de mis esperas, frustradas.
II
Tuve o tengo un amigo, no sé. El ahora no me llama amiga, me llama hija pródiga. Con el paso de los meses he ido descartando lo que esperaba de su parte con mucha paciencia. Me quedé con el respeto, me olvidé de la amistad. Preferí el respeto y olvidé las llamadas y la compañía. Prefiero que respete mi decisión y me deje sola. Incluso me olvidé del amor porque ya me demostró que no me puede amar si pensamos diferente, o que ama desde lejos, desde su comodidad de palabras, sin ensuciarse conmigo. Antes de ayer casi olvido también que soy una persona paciente cuando volvió a llamarme y volvió a llamarme hija pródiga y volvió a convocarme de vuelta a su casa/templo/denominación. Una vez más me puso a prueba. No se cómo, a base de toda la porquería que me dijo y que le respondí merecidamente, me fabriqué una amabilidad que no me conocía. Y hasta un Diosteguarde cerró la conversación. Sigo esperando por su respeto.
diciembre 28, 2008
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En esta vida todo es esperas, todo. Siempre estamos esperando algo, a alguien, un cambio, un abrazo, una palabra, una respuesta, todo es espera, larga y pesada. Admiro que tengas paciencia, es un arte.
Un abrazo de la otra que nadie conoce.
La primera parte me asuta… Ya sabes… Para què continùo si puedes leerme…
La segunda me da tristeza… Sobre todo porque siento lo que sentiste con ese cierre, el “Diosteguarde”. Un gran maquillaje para un gran frustraciòn. Ànimo? no sè, iba a decirte “ànimo”, pero suena absurdo, ¿no? Bien, solo te digo que te quiero mucho mi niña, cuidate por lo dos, y no te deseo un mejor año, los años no seràn mejores o peores, somos nosotros, deseo que seas mejor. Yo espero poder serlo.
Betty
que mal tener esas experiencias en común.
sigamos esperando
no hay de otra
un abrazo
*
Gusmar
maquillaje
que inteligente
gracias siempre
abrazos
Celeste, a mi me haría falta un poco de tu paciencia. Dichosa tú que tienes lo que muchos desearíamos.
Que este 2009 el Eterno te traiga lo mejor y que se cumplan los deseos de tu corazón.
Un gran abrazo.
Mi rebeldia no me ha permitido desarrollar la paciencia, puede sonar inmaduro, pero incluso la paciencia (admiro muy mucho la tuya), como la amistad y el respeto se ganan… Beso y un abrazo amiga! Te quiero!
Así me gusta leer. Escritos así.
Sin vueltas.
Sos buena, Celes!, eh.
Abrazo, hija.
te quiero.